miércoles, 18 de julio de 2012

Siempre tuyo

Título original: Ewig Dein
Autor: Daniel Glattauer
Editorial: Alfaguara
Año de edición: 2012
Número de páginas: 277

Sinopsis
Tras un encuentro fortuito, Judith conoce a Hannes, un arquitecto que queda prendido de la protagonista. Tanto es así que no cejará en conseguir que la propietaria de una tienda de lámparas acceda a salir con él. Hannes conoce pronto a la familia rota de su nueva novia, así como a sus amigos de toda la vida, y todos están encantados con la pareja de Judith, pero ésta, al contrario que ellos, no sólo no está enamorada de él, sino que hay algo en Hannes que la desconcierta, sintiendo un gran recelo hacia él, motivo por el cual es juzgada por sus amigos y su propia familia. Todo esto acabará con la vida monótona y pacífica de Judith para dar un giro de ciento ochenta grados y orientarse hacia la desconfianza, el miedo, la inseguridad y la locura, un camino descrito según sus distintas fases.

Comentario
Decidí leer este libro en cuanto lo vi en el escaparate de una conocida librería del centro, pues cuando me percaté de que el autor era Daniel Glattauer me llené de grandes expectativas al recordar sus anteriores títulos, a saber, Contra el viento del norte y Cada siete olas, libros que me gustaron mucho por su originalidad narrativa.

Mientras leía las primeras páginas del ejemplar la historia se ponía cada vez más interesante, y dado el tamaño de las letras y el número de líneas por página era fácil devorar cada una de las hojas que componen el libro. Pero llega un punto en que la trama pierde fuerza, incluso se vuelve un tanto repetitiva, hasta que me encontré en un momento en que era viable desentrañar el desenlace de la novela, ése con el que el autor ha intentado sorprender al lector, pero no en mi caso.

La Goldschlagstrasse, la calle vienesa donde Judith tiene su tienda de lámparas
Cuál fue mi sorpresa cuando leí exactamente lo que mi mente había imaginado páginas atrás; me llevé una gran decepción, pues esperaba que el escritor me engañara para hacerme creer un final bastante más diferente del que en realidad era, algo verdaderamente sorprendente, mas no fue así. Es más, diría que a mi ejemplar concretamente le falta el capítulo final, pues me quedé con la sensación de que en la imprenta olvidaron incorporarlo; no puede ser que el desenlace, además de presumible, quede tan abierto, tan inacabado, tan incompleto.

Por otro lado, cuando llegué a la mitad del libro, esperaba algo más de desarrollo en los personajes, principalmente de los amigos, quienes quedan como actores no secundarios, sino terciarios, monigotes que, al fin y al cabo, ni pinchan ni cortan en la trama, totalmente prescindibles. Sobre todo aguardaba algún tipo de profundización en la historia de la familia, pero, una vez más, me equivoqué, mis esperanzas quedaron en eso, en simples esperanzas.

A diferencia de los dos anteriores títulos mencionados, aquí Glattauer ha podido servirse de la sintaxis y meditadas palabras para narrar una historia, ya que en los otros libros el texto no era más que una copia de correos electrónicos contestados entre dos personajes, sin más. Pero aquí hay narrativa, y ésta es en el libro que nos atañe bastante amena, sin disgresiones ni largas e irrelevantes descripciones de objetos sin importancia para el argumento. Se añade que la novela es algo breve, y los capítulos apenas alcanzan las tres páginas, por lo que como libro de cabecera es ideal.

Por lo demás, Siempre tuyo deja mucho que desear para quien ha leído las anteriores obras de Daniel Glattauer, pero si no se han leído, este libro será un título más en la estantería.

Nota: 6/10.