sábado, 7 de julio de 2012

Colega, ¿dónde aparco mi coche?


En estos días de rebajas recientemente inauguradas los consumidores se vuelven como locos, y acercarse a los centros comerciales en busca de un asilo del sofocante calor que atormenta estos días en diversos puntos del país y fuera de éste para refugiarnos en un área con aire acondicionado gratuito se nos antoja agobiante y pesado por las aglomeraciones de gente que se forman prácticamente a cualquier hora del día. Pero esto es inevitable cuando la despensa y el frigorífico te muestran fácilmente su esquelética estructura y no deseamos acabar como este mobiliario, por lo que tomamos el coche y, cual hormiga que se une a la fila india de sus congéneres en un sentido o en el contrario, nos metemos en la carretera dirección a los centros comerciales, cruzándonos con quienes, más madrugadores, han realizado ya sus compras y nos transmiten su satisfacción al huir de tal gentío para llegar a casa o, quizá, para dirigirse a otro hormiguero comercial.

La gran ventaja de las hormigas es que son capaces de soportar sobre su pequeña anatomía treinta veces o más su peso, pero nosotros, los humanos, como no nos dediquemos al culturismo (y no es nuestro caso), necesitamos de nuestro manejable vehículo para llevar hasta nuestra casa el relleno para el mobiliario de la cocina (a veces del baño también). Y en días como estos, como digo, de rebajas y descuentos por doquier, es casi una misión imposible encontrar un sitio donde dejar el coche, una tarea que en numerosas ocasiones se vuelve cansina y estresante.

Lo peor no es tener que irse a los confines del amplio aparcamiento, ni tampoco ver la lucecita verde encendida indicando que hay un sitio libre y, dirigiéndonos raudamente para conquistar ese trocito de terreno por unas pocas horas, llevarnos el chasco de que se trataba de uno de los numerosos emplazamiento para depositar los carros del supermercado una vez finalizado su uso. Lo peor, como digo, es encontrarte con el que podría ser un sitio libre para dejar el turismo y ver que un gracioso o mal conductor ha dejado el suyo ocupando dos plazas. ¡Por Júpiter! ¿Es esto una broma? ¿Hay alguna cámara oculta? Sí, las de vigilancia del aparcamiento, pero dudo mucho que sean cómplices del propietario de ese vehículo.

¿Qué trabajo le costaba al conductor estacionar ocupando el amplio hueco destinado a tal fin? Eso ya es por tocar los colindrones, y perdónenme la expresión, pero yo soy incapaz de estacionar mi vehículo en una plaza para minusválidos por respeto a la gente de este sector (y, dicho sea de paso, por la multa que nos puede caer), pero esta gente, ¿por qué deja el coche tan mal? Todavía sería medio perdonable si se tratara de uno de estos viejos aparcamientos por horas del año de la polka, cuando todavía era raro que un ciudadano podía permitirse un coche y apenas existían los atascos en hora punta, cuyas plazas eran notablemente más pequeñas. Pero hoy en día los coches han crecido, y los aparcamientos también, y todos llevamos nuestro coche hasta los apartados centros comerciales de la ciudad y necesitamos un hueco donde dejarlo estacionado.

Todos tenemos las mismas necesidades en este caso, por lo que, desde nuestro punto de vista, el conductor que ocupa dos plazas libres, cuyo número, y más en estos días, como ya hemos mencionado, es más reducido que en un martes de noviembre a primera hora de la mañana, una de dos, o no sabe aparcar y desiste de poder dejarlo como el código de circulación rige, o lo hace con mala idea y reírse de los que hemos llegado después y seguimos unos veinte minutos más dando vueltas hasta encontrar a alguien que, casualmente, abandona su plaza justo cuando pasamos por al lado. Como digo, por tocar los coj...