miércoles, 27 de junio de 2012

Kakuro


He de reconocer que me encantan los sudokus, me parecen unos pasatiempos geniales para los que nos gusta darle al coco. Además, los hay de casi todos los niveles, por lo que son adecuados para todas las edades. El problema es que, como en la mayoría de estos comecocos, existen una serie de trucos, pequeñas técnicas que uno aprende de forma autodidacta y que son la clave para concluir con éxito uno de estos rompecabezas. Así pues, uno puede llegar a cansarse un poco de aplicar las mismas tretas en cuadrados que, en esencia, son siempre casi idénticos.

Es por eso que me apetecía cambiar de juego sin cambiar de estilo, algo que siguiera la misma línea pero con algún añadido que le diera un toque diferente al sudoku. Y es así como descubrí el kakuro, otro invento japonés que es, en muchas facetas, un calco del sudoku pero con un complemento que lo hace a su vez algo más complejo e interesante: la suma.

Por dar una descripción por encima del mecanismo, se trata también de una familia de cuadros en los que hay que colocar números comprendidos entre el 1 y el 9. En este caso no hay un número fijo de casillas (en el sudoku es siempre 9x9, salvo variantes extremas), y varias de las centrales llevarán un número escrito señalando a una fila o columna. Eso significa que dicha fila o columna debe sumar la cantidad indicada, siempre sin repetir ningún valor. En esencia, es como un autodefinido en apariencia pero con números en lugar de definiciones y buscando que las sumas coincidan en todos los sentidos.

Pondré algunos ejemplos para visualizar mejor la idea. Imaginen que hay un 4 que indica una fila con dos casillas en blanco. Solamente hay dos formas de que dos números naturales sumen 4: o bien 1 + 3 o bien 2 + 2, pero como no podemos repetir valores solamente nos quedaría la primera opción; eso sí, no se podría saber ahora mismo en qué orden hay que colocarlos. Digamos que la clave es buscar valores o muy grandes o muy pequeños, de forma que solamente sea posible una combinación. Por ejemplo, un 10 con cuatro cifras solamente puede ser 1+2+3+4, o un 24 con tres cifras solamente puede ser 7+8+9. Como he dicho, la complicación reside en deducir la ordenación de los valores en cada fila o columna (aquí las diagonales no cuentan).

La verdad es que al menos a mí me resultan bastante más complicados (y por ende más entretenidos) que los sudokus normales. Quizá sea por la amplia experiencia que he adquirido con estos últimos o porque, en efecto, su dificultad es notablemente superior, pero el caso es que me encuentro en estos días en que busco cualquier minúsculo momento para estrujarme las neuronas y atacar un kakuro. Imagino que, como con todo, una vez tenga asimilados y salgan solos los truquitos auxiliares la adicción irá disminuyendo hasta convertirse en aburrimiento. Para entonces espero que nuestros amigos nipones hayan ideado alguna otra variante a la que engancharme.

Buscando por la red se pueden encontrar cientos de páginas donde probar este pasatiempo de forma online y gratuita. De todas formas añado a continuación un enlace para que el lector pueda pasar un rato poniendo a prueba sus neuronas. ¡Suerte y a disfrutar!