domingo, 9 de diciembre de 2012

Concurso Wishlist de FNAC


Lo que hoy publicamos no es ni una reseña ni una disertación, sino que es para participar en el "Concurso de Lista de Deseos Wishlist para Bloggers" que convoca FNAC, cuyo premio consiste en un cheque-regalo por valor de 2013 € a gastar en tiendas FNAC. Es altamente improbable que nos toque este premio, pero si cayera la breva y nos tocara no me pensaría ni dos veces en qué invertiría ese dinero, ya que desde hace unos tres años ando detrás de un capricho algo caro y que a día de hoy no me puedo permitir, pero si de verdad me tocara no tardaría ni dos minutos en ponerme delante del ordenador y empezar a llenar la cesta de la compra virtual en esto que tanto me entusiasma: la fotografía. Es mi pasión, pero siempre estoy detrás de la cámara, nunca delante. Llevo unos siete años con la misma cámara compacta que, aunque es buena, se me ha quedado bastante escasa, y tengo ganas de escalar algunos peldaños en el mundo de la fotografía y pasar a palabras mayores, que es comprarme una cámara réflex, y, aprovechando el importe del vale de FNAC, los complementos que el aparato necesita, así que presento aquí mi wishlist:

Fotografía (1977,46 €)


Libros (34,86 €)

 
En total tenemos una suma de 2012,32 €. Si tuviéramos la suerte de que nos tocara el premio sería un bombazo porque es un buen pellizco, pero si no resultáramos afortunados posiblemente cayera la cámara, y el resto con cuenta-gotas, aunque iría más seguido si nos devolvieran la extra de Navidad...




sábado, 8 de diciembre de 2012

Un burka por amor

Título original: Un burka por amor
Autora: Reyes Monforte
Editorial: Temas de Hoy
Año de edición: 2007
Número de páginas: 316 

Sinopsis 
Al no entenderse demasiado bien con sus padres, María decide, con tan sólo 17 años, independizarse yéndose a vivir a Londres, lejos de su Mallorca natal. Allí conoce a Nasrad, un joven afgano del que se enamora perdidamente. Como el sentimiento es mutuo, la pareja termina por casarse y llevan una feliz vida conjunta en la capital británica. Todo es perfecto hasta que Nasrad, por temas familiares, tiene que viajar a Afganistán. Pero en los planes de María no entra el separarse ni un solo día de su marido, por lo que, a pesar de su embarazo, decide acompañarlo. Pronto se dará cuenta que la vida en el país asiático nada tiene que ver con la que ella conoce de Londres o de Mallorca: el nivel de vida es ínfimo, las penurias son muchas y las mujeres en concreto son tratadas de una manera que María hubiera jurado que hacía varios siglos que nadie llevaba a cabo.


Comentario
María, Nasrad y sus hijos
Estamos ante un libro que no es que esté inspirado en hechos reales, sino que los está contanto tal cual fueron, sin tomarse ninguna licencia para adornar o suavizar la historia. La prueba de esto es que la propia protagonista de los hechos fue quien comentó su odisea en el programa de radio de Reyes Monforte, quien se encargó de plasmarlo en esta novela. Es cierto que este punto le da un toque de interés a la trama al saber que todo lo relatado ocurrió tal y como está detallado en las páginas, pero también es cierto que de esta manera se le despoja del factor sorpresa, quedando solamente la incertidumbre de cómo se llegará al final ya conocido previamente. No en vano, la contraportada ya nos indica que María ha contado su historia a la radio desde su país natal, por lo que hay que dar por hecho que de una manera u otra ha logrado escapar del infierno afgano. Y por si alguna duda quedara, con sólo mirar el índice uno se percata de que el último capítulo se titula "Vuelta a casa", con lo que la certeza sobre el final es más que abrumadora. 

Quizá la parte más interesante es la de índole documental. Si bien quien más o quien menos todos hemos oído hablar de los métodos dictatoriales del régimen talibán, especialmente duros con el sexo femenino, siempre se asimila mejor cuando se acompaña de experiencias personalizadas y reales. Eso sí, también hay que reconocer que en ciertos puntos se llega a aburrir al lector cuando se dedican varias páginas a detallar las miserias en las que viven las familias afganas o a dejar constancia del constante miedo de las mujeres cada vez que deben poner un pie en la calle, siempre obligadas a un acompañante masculino. La historia se pierde mucho en reforzar innecesariamente estas ideas y abandona por momentos un ritmo adecuado para una trama motivadora.

Escena de la miniserie homónima
A pesar de que las palabras del libro fluyen en su uniforme objetivo de proclamar las desgracias de María y arrancar nuestras lástimas y nuestras condolencias, hay ocasiones en que lo que logra es un sentimiento en cierta medida opuesto. No es que el lector se alegre de ciertos acontecimientos (hay desgracias que no se pueden desear ni a nuestro peor enemigo), pero, al menos en mi caso, hay situaciones en que es inevitable lanzar una sentencia mental del tipo "si es que eres tonta, María". Tratándose de hechos reales no sería lícito modificar ninguna acción para aparentar lo que no es, pero hay ciertas actitudes de la protagonista completamente incoherentes y que si de una historia ficticia se hubiera tratado, no hubiera dudado en criticar la falta de realismo argumentando la escasa lógica de algunos actos.

A todo lo dicho anteriormente hay que añadir el escaso valor literario que, a mi juicio, encontramos. El afán por que la historia llegue a un elevado número de lectores se nos plantea un lenguaje extremadamente simple, rayando en ocasiones la vulgaridad. El escaso vocabulario empleado unido a la repetición notable de los nombres propios (las palabras "María" y "Nasrad" aparecen de buen seguro varios cientos de veces a lo largo de la novela) hacen que nos parezca estar leyendo una obra más orientada a un público juvenil que adulto. Así mismo tengo que ser especialmente crítico con las comas, ese incomprendido signo de puntuación al que a veces se le da muy poca importancia pero que en concreto en esta obra está pésimamente utilizado (y les habla alguien que suele tener a veces dudas con la correcta ubicación de estos signos, pero aseguro que en este caso su uso es evidentemente inapropiado). Sumando, pues, este estilo mejorable y la falta de suspense y de incertidumbre nos sale una novela curiosa y rápida de leer pero que posiblemente no deje el sabor de boca dulce que podría haber dejado esta historia enfocada desde otro punto de vista. 

Nota: 5/10.



martes, 4 de diciembre de 2012

El 3x1 - Ronda 4

Vuelve nuestro juego de "El 3x1" con una nueva propuesta. En este caso vamos a salirnos un poco de la línea habitual y os vamos a pedir el título de una canción. Solamente pedimos el título, no es necesario decir el/la/los/las intérpretes, aunque suponemos que si dais con la canción también sabréis quién la interpreta. Estas son las pistas:


Pista 1.
2 minutos y 6 segundos aproximadamente.

Pista 2.
Pista 3.






















El plazo para que descubráis la canción será, como siempre, de una semana. La dificultad es bastante subjetiva, pues dependerá de si sabéis algo de solfeo o si conocéis la canción, pero como canciones existen casi infinitas y para darle más emoción al concurso la vamos a catalogar como de dificultad alta y otorgaremos 3 puntos a los acertantes. Como una semipista añadida diremos que para nosotros es una de las canciones más bonitas jamás escritas (por lo que ya podéis descartar todas las de Justin Bieber). Abajo tenéis el formulario para enviarnos vuestras respuestas. Mucho ánimo y esperamos tener muchos acertantes.


Lo sentimos, esta prueba ya ha sido cerrada. ¡Prueba con las siguientes!


domingo, 2 de diciembre de 2012

Cine, cine, cine, más cine por favor

¡Ya nos gustaría a nosotros poder aplicar este célebre estribillo de Aute con el que he titulado la entrada! Pero no puede ser, y hay varios motivos para ello. La falta de tiempo ocioso es uno de ellos, pero ni es el principal ni es el objeto de mis quejas, pues al menos un par de veces al mes, salvo casos excepcionales, se pueden sacar un par de horas para sumergirse en la oscuridad de una sala y disponerse a introducirse de lleno en la cinta elegida. Nuestros impedimentos actuales son de otra índole.

Por un lado, sí, lo habéis adivinado, tenemos el excesivo precio de las entradas. Todos sabemos que con la entrada del euro prácticamente todo ha subido de precio, pero me atrevería a decir que la posibilidad de ir al cine es una de las cosas que, proporcionalmente, más ha incrementado su coste. Mi selectiva memoria no alcanza a recordar el precio de las entradas en mi más tierna infancia, pero los 7,20 euros que vale actualmente en nuestra ciudad cada pase normal me parece tremendamente costoso, por no hablar de los pases en 3D, en fines de semana o en butacas VIP. Cierto es que hay descuentos para una amplia variedad de personas, entre estudiantes, jubilados, grupos o día del espectador, pero ni el recorte de su valor es tanto ni todos estamos en disposición de incluirnos en algunos de esos grupos.

Es obvio que no estamos hablando de una cantidad tan inasequible, no es como comprarse un Mercedes, y si una película realmente nos motiva no dudamos en ir a visionarla, pero ese método de optar por ir al cine y decidir el filme una vez en la entrada se acabó, pues normalmente se terminaba por ver alguna película que, a priori, no nos decía nada. No eran pocas las personas que, hace unos años, tenían como costumbre visitar una sala cinematográfica una vez por semana, sin falta. Es lógico que el número de personas que llevaban a cabo esta cinéfila costumbre ha disminuido, pues hacer esto hoy en día, suponiendo que no se encuentre en el privilegiado grupo de las entradas reducidas, le supondría un coste aproximado de 375 euros por año, que se dice pronto. Así pues, un servidor solamente va al cine cuando realmente tiene interés en ver la proyección, no por el mero hecho de salir a alguna parte.

Pero mi crítica no acaba aquí, sino que hay otro punto que me molesta considerablemente, y es la falta de variedad en cartelera. En unos años hemos pasado de los pequeños cines con una o dos salas exclusivamente a los grandes multicines con no menos de diez salas cada uno. La cosa prometía, ya no sería necesario tragarse alguna de las pocas películas que ofertaba cada cine, sino que la oferta sería muchísimo más amplia. Pero el resultado ha sido algo más decepcionante del esperado, si bien es lógico que la oferta sea mayor, mas no es tan elevada como la cantidad de salas merecería.

Me resulta de lo más enervante cuando en unos mismos multicines están poniendo el mismo filme en tres o hasta cuatro salas distintas. Esto hace que, por ejemplo, en un centro con doce salas de proyección solamente tengan en cartel cinco o seis películas. Supongo que la explicación es la de siempre: poner en diversas salas esas superproducciones que anuncian hasta en la sopa y así incitar con más fuerza a su visualización ("si la ponen en tantas salas será porque es muy buena"). Todo eso está muy bien, pero ¿qué hay de la proyección de esas otras películas no tan comerciales o comercializadas que tienen un público también importante, aunque menos ruidoso? O directamente no llegan a las salas, o las tienen puestas una o dos semanas y a las primeras de cambio las eliminan. Esto se podía entender cuando apenas había salas, pero a día de hoy me parece una falta de respeto al séptimo arte.

Y, ante todo, que nadie se deje engañar. Muchas veces aparecen en cartelera muchas películas, pero hay que fijarse en los horarios. Por poner ejemplos concretos y recientes, hace poco queríamos haber ido a ver tanto Frankinweenie como A Roma con amor, y nos confiamos porque tanto al pasar por delante de los cines como mirándolo por internet veíamos que seguían en cartel. Sí, es cierto que seguían, pero en un solo pase a las cuatro de la tarde o cosas por el estilo, vamos, esas horas en las que la gente normal está haciendo otras cosas. Tener tantas salas para que lleguen tan pocas películas a España (comparadas con las que no llegan) me resulta absurdo, si bien no desde el punto de vista comercial, sí desde el punto de vista cinéfilo y artístico.

La conclusión de todo esto es que en casos como el nuestro, personas que, sin ser asiduos todas las semanas, sí que íbamos al cine con cierta frecuencia, ahora apenas vamos tres o cuatro veces al año, y siempre para ver cintas que realmente nos interesan. De momento se acabó eso de acercarse a la taquilla y comprar la entrada para la primera película que se nos antoje. ¿Hasta cuando? Pues hasta que cambien el coste y la variedad de las salas o hasta que nos toque la lotería. No sé qué pasará antes.