domingo, 7 de octubre de 2012

Honey & Clover - Temporada 2

Título original: Hachimitsu to kurôbâ
Directores: Keinichi Kasai
Basado en el manga de: Chica Umino
Doblaje (original): Haruka Kudo, Hiroshi Kamiya, Yûji Ueda, Mikako Takahashi, Tomokazu Sugita
Doblaje (español): Eva Martí, Sergio Mesa, Pablo Gómez, Yolanda Gispert, Óscar Ruiz
Año: 2005
Género: Comedia. Drama. Romance 
Duración: 25 min. aprox. por capítulo (12 episodios) 

Sinopsis 
Tras haber sido rechazado por Hagu, Takemoto continúa con sus estudios para licenciarse pronto, al igual que su amiga. Mayama vive con Rika y siguen trabajando juntos, y a ellos se les une Yamada, quien no termina de superar su rechazo amoroso. Por su parte, Morita ayuda a su hermano Kaoru a arreglar unas cuentas pendientes con alguien que les hizo daño en el pasado. Hagu sigue sin salir de su encrucijada y Hanamoto toma una decisión, pero la pequeña artista recibe una visita inesperada del destino que le trastocará todo su futuro…


Comentario
Arranca esta segunda temporada con un capítulo resumen de toda la temporada anterior. A decir verdad este capítulo vale para poner al día tanto al espectador que hace tiempo que terminó de ver la primera parte como a aquel que no llegó a verla, pues resume perfectamente todo lo que en ella ocurrió; todo lo demás era puro relleno, como dijimos en su respectiva reseña.

Al ser considerablemente más corta que su antecesora (tan sólo narra dos tomos y medio del manga) esperábamos algo más de celeridad en el transcurso de los acontecimientos, y eso parecía prometernos los dos o tres capítulos siguientes al resumen. Pero a partir del episodio en el que se nos descubre el pasado y los secretos de Morita Honey & Clover vuelve de nuevo a ralentizarse considerablemente, además de narrarnos a partir de aquí unas historias, aparte de superficiales y retorcidas, muy aburridas. Los capítulos se vuelven monográficos y adquieren una gran carga dramática, sobre todo con el accidente de Hagu.

A pesar de la lentitud y el dramatismo que se desprende a lo largo de esta segunda temporada, el final queda inconcluso, al igual que en el manga, aunque ciertos hados destinados a cada personaje son más o menos deducibles, si bien hubiéramos preferido algo más concreto.

Se agradece que hayan conservado las mismas voces para el doblaje de esta segunda parte de Honey & Clover, pero se hace un poco cansado oír constantemente la voz en off, pues en la temporada que nos atañe, por su carga dramática como hemos mencionado, abundan las reflexiones y los pensamientos de todos y cada uno de los personajes principales.

Por lo demás el anime sigue siendo notablemente fiel al manga (mantiene además la imagen que Umino tiene de nosotros los españoles, un poco irreal) y quizá aquí sí que hubiéramos preferido algún cambio significativo que no nos dejara, por relacionarlo un poco con el título de la serie, con este sabor a miel agria y habernos regalado un final más definido y agradable.



Nota: 4/10.









viernes, 5 de octubre de 2012

Un lugar para soñar

Título original: We bought a zoo
Dirección: Cameron Crowe
Reparto: Matt Damon, Scarlett Johansson, Thomas Haden Church, Patrick Fugit, Elle Fanning, John Michael Higgins
Música: Jón Þór Birgisson
Año: 2011
Género: Drama. Familiar.
Duración: 124 min. aprox.


Sinopsis
Han pasado seis meses desde el fallecimiento de su esposa y, desde ese instante, ni Benjamin ni sus dos hijos levantan cabeza. Con la intención de comenzar desde cero pretenden comprar una nueva vivienda, pero la morada que les gusta resulta ser un viejo zoológico abandonado. La condición que les impone el vendedor para efectuar el traspaso es tan sencilla como compleja: deberán ocuparse de retomar el zoo y volver a abrirlo tras su cierre dos años atrás. La misión no está exenta de inconvenientes: gastos desmesurados, un inspector algo quisquilloso y el hijo mayor, Dylan, en una edad bastante problemática, pero Ben pondrá todo su empeño en sacarla adelante.

Comentario
Lo primero que nos llamó la atención de esta película es que está basada en hechos reales (de hecho, la propia familia del Benjamin Mee real aparece como extra en una de las últimas secuencias), pero no era la típica historia de asesinatos, robos o infidelidades, sino una sobre la posible reapertura de un zoológico. El tema era motivador, por lo que decidimos verla, y la verdad es que pasamos un rato agradable.

Las pretensiones tampoco deben ir más allá ya que, por lo demás, la película resulta en muchos puntos bastante previsible: las historias de amor que se suceden son muy típicas, así como la relación tirante entre el padre solitario y el hijo adolescente, e, incluso, el final, aunque no lo vamos a desvelar aquí, es el que cualquiera se podría imaginar, a pesar de que el director intente introducir algún elemento de despiste. En ese sentido podríamos catalogar la cinta como la típica película de la sobremesa de los fines de semana.

Lo que la diferencia de este cine familiar es, por supuesto, la temática, que nos proporciona con frecuencia escenas naturales y de una amplia variedad de fauna: tigres, pavos, leones, un oso pardo, monos, etc. Quizá en este sentido pensamos que no se ha explotado lo suficiente este filón. Es cierto que podemos ver en distintas ocasiones a todos estos animales, pero, para ambientarse en un zoo, las apariciones deberían haber sido mayores y más variadas. Por ejemplo, se puede contemplar el comienzo de la eclosión de un huevo de pavo, pero la escena acaba sin que el polluelo termine de dejar el cascarón. Podía haber sido una escena realmente preciosa si se le hubieran dedicado unos segundos más. Así mismo, en general, los animales suelen dar bastante juego en las escenas cómicas, algo que en este filme se ha echado también de menos.

Los verdaderos Benjamin Mee y familia
El elenco de actores habría que dejarlo en aceptable. Por un lado, Matt Damon no lo hace mal del todo, aunque no se puede decir lo mismo de Scarlett Johansson, a quien no hemos visto lucirse en exceso desde su papel en Mach Point. Los niños tampoco se pueden considerar como grandes promesas, con interpretaciones bastante carentes de naturalidad. Y, desde luego, la película deja patente que Elle Fanning, hermana de Dakota Fanning, no le llega a ésta ni a la suela de los zapatos como actriz.

Así pues, Un lugar para soñar (traducción, por cierto, bastante libre del título original We bought a zoo) se convierte en una buena opción para pasar un rato entretenido recreando esta historia real que, si bien desde el punto de vista cinematográfico no pasaría del aprobado raspado, sus imágenes y sus valores hacen que podamos darle un notable.

Nota: 7/10


miércoles, 3 de octubre de 2012

Cada siete olas

Título original: Alle sieben Wellen
Autor: Daniel Glattauer 
Editorial: Alfaguara
Año de edición: 2010
Número de páginas: 271 

Sinopsis
Leo y Emmi vuelven a sus respectivas pantallas del ordenador para intercambiar correos electrónicos y avanzar algo más en la peculiar relación que dejaron a medias tiempo atrás. Pero no están solos, y se han producido algunos cambios en sendas vidas... 

Comentario
Tras leer Contra el viento del norte, antecesor del libro que nos atañe, no podía dejar de leer Cada siete olas. De nuevo nos encontramos con esta particular pareja a cuyos miembros no surte efecto el dicho de "la distancia es el olvido". Ni Emmi a olvidado a Leo ni Leo ha olvidado a Emmi. Pero ahora aparecen nuevos personajes que meten algo más de intriga a la historia de los protagonistas. Una vez más nos encontramos con una novela basada en los correos electrónicos que Leo y Emmi se envían recíprocamente; no hay narración más que la que podemos leer en sus mensajes, a diferencia de lo que ocurre en Siempre tuyo, libro posterior a éste del autor vienés. 

Dicen que la séptima ola siempre es diferente a las otras seis.
Pero algo se ha perdido en esta segunda parte, y si el lector no ha leído el primer libro ni tampoco el que ahora comentamos hará bien en hacer caso omiso a este párrafo y no leerlo, pues es necesario desvelar un dato importante de la trama para poder comentar nuestra opinión de ese aspecto: en este libro se pierde la magia del anonimato, Leo y Emmi se encuentran cara a cara, y esto es lo que no nos ha gustado del libro. La gracia de Contra el viento del norte es que el lector conoce exactamente lo mismo que Leo sabe de Emmi y viceversa, no hay dato que se nos escape a los lectores. Si Leo omite algo en sus mensajes Emmi dejará de saberlo, al igual que el lector, y viceversa. Si ahora nos encontramos con que los personajes quedan en un bar para hablar de sus cosas y cenar juntos para conocerse mejor, ¿qué pinta ahora el lector? Éste queda desplazado de su lugar preparado para él, ya no es cómplice de ambos personajes, sino que éstos se han puesto de acuerdo para desviar el papel del lector a un segundo término. Con esto se ha perdido esa conexión que había entre Leo, Emmi y todo aquel que esté sumergido en las páginas escritas por Glattauer. Sumamos a esto un final totalmente previsible, lo que hace que Cada siete olas pierda algunos puntos por debajo de su predecesora.

A partir de aquí puede el lector de este humilde blog leer tranquilamente, pues ya no vamos a desvelar nada más. Del mismo modo que el libro anterior, Cada siete olas se lee rápidamente, atrapa al lector que quiera saber cómo acabará la historia entre Leo y Emmi desde la primera página y su lectura es amena y divertida. Un buen libro para pasar un buen rato, tanto si se ha leído Contra el viento del norte como si no, pues cualquier dato de interés para seguir la historia es inmediatamente  esclarecido para no perder el hilo de la trama, aunque yo recomendaría leer los dos.

Nota: 6/10.




lunes, 1 de octubre de 2012

Etimologías: "trabajo" y "labor"

A raíz de la última cita célebre que hemos destacado en Café de Menta, se me ocurrió que podría hablaros de los orígenes de la palabra "trabajo". Hoy en día sabemos que "trabajo" es una ocupación profesional, si bien en el DRAE encontramos otras tantas acepciones, y entre ellas hallamos la siguiente: "Penalidad, molestia, tormento o suceso infeliz", significado algo más suave de lo que en realidad era.

Pero primero os pondré en antecedentes: los antiguos romanos, como sabéis, hablaban en latín, pero, como ocurre con cualquier lengua actual, el latín que podemos leer en Cicerón o Virgilio no es el mismo que aquel que se hablaba en las calles, sobre todo cuando se trataba de regiones ocupadas por las tropas de los césares, cuyos habitantes debían aprender la lengua y, en ocasiones, se deformaba, por lo que tenemos dos tipos de latín: el clásico, que es el que se estudia en los institutos por ser la lengua puramente latina, y el vulgar, que es el que realmente se hablaba. Pues ya sabéis que no habla igual un abogado en un juicio que un par de amigos que se encuentran por la calle.

En el latín clásico, cuando querían referirse al "trabajo" como lo entendemos hoy se servían de la palabra labor, que venía del verbo laborare, y de aquí el español tiene algunos cultismos como "elaborar" (crear algo con trabajo), "colaborar" (trabajar conjuntamente), "laborioso" (aplicado al trabajo), "laboral" (relativo al trabajo), "laboratorio" (lugar de trabajo), etc. Pero, como podéis ver, nuestro vocablo "trabajo" no viene de laborare, pues no provenía del latín culto, sino del vulgar. Los latinos de la calle, como podemos hacer perfectamente en la actualidad, exageraban las cosas, y cuando se referían a "ir al trabajo" decían "ire ad tripalium", y de es de ahí de donde obtenemos el susodicho sustantivo. Sí, "trabajo" viene del latín tripalium, que era, ni más ni menos, que un instrumento de tortura compuesto de tres palos (de ahí su nombre) en el que colocaban a la víctima y le prendían fuego (véase la imagen que acompaña esta entrada).

Es cruel, pero es así, y seguro que alguna vez hemos oído a alguien decir que va a la tortura, al suplicio, a la purga, o cosas por el estilo. Pues bien, en la Antigüedad se usaba tanto esa metáfora que ha quedado como lo que entendemos hoy por "trabajo". Para algunos ir al trabajo supone una tortura, pero pocos saben que originariamente ése era el significado de "trabajo".