Hace ya tiempo que olvidé los fanatismos. Eso de apoyar o defender a un artista, a un deportista o a un partido político a cualquier precio ya no va conmigo. Siento lástima cuando veo a gente justificar las decisiones de un ministro sólo por ser de "su" partido o alabar un disco musical por el mero hecho de ser parte de la discografía de su grupo favorito aunque sea completamente infumable . Dicho esto, no me queda otra opción que admitir que Ismael Serrano, cantautor al que hemos admirado desde sus primeros trabajos, se encuentra sumido en plena crisis musical.
Ismael es uno de estos chicos que comienzan tocando la guitarra en el metro de Madrid hasta que un buen día, casualmente, alguien con suficiente poder lo descubrió y le propuso la grabación de su primer disco, Atrapados en azul. Ahí encontramos canciones que, ante todo, destacan por su originalidad, siempre desde un punto de vista de cantautor con ciertos toques revolucionarios y ensalzando el estilo de "canción protesta". Si bien recibió muchas críticas en las que se le acusó de ser un mediocre imitador de Serrat, tanto en su estilo como en su tono de voz, fuimos muchos los que lo valoramos en su justa medida y lo consideramos innovador y no imitador. Si bien su voz no era ningún portento, nos hacía disfrutar con sus melodías y sus letras ora tiernas, ora agresivas.
Lejos de ser el típico artista de un único disco del que nunca más se vuelve a saber, Serrano logra de nuevo conquistar con su segundo álbum, La memoria de los peces, a todos aquellos a los que nos enganchó con sus primeras canciones. Y si bien con la llegada de su tercer disco, Los paraísos desiertos, algo más flojo que los anteriores, algunos pensaron que ya estaba comenzando la decadencia de su corta carrera musical, en 2002 vuelve con el disco que es considerado por muchos de sus admiradores como su obra maestra, La traición de Wendy, con una destacable variedad de estilos y letras que difícilmente iban a disgustar a los forofos de la canción de autor. Daba la impresión de que nos encontrábamos ante el que estaba llamado a ser el más importante cantautor español de este comienzo de siglo XXI.
Por desgracia, lo que presagiaban algunos con su tercer disco comienza a cumplirse con la discografía que aparece tras ese cuarto y descomunal disco (si obviamos un directo que resume su primera tetralogía, Principio de incertidumbre). Nos encontramos, pues, ante tres años en los que se publican sendos discos donde la calidad musical se ve claramente disminuida. No se trata de trabajos malos ni desagradables, pero están bastante lejos de sus primeros álbumes. Con todo, aún se podía encontrar en ellos dos o tres temas dignos de sus mejores tiempos (Sucede que a veces, Si se callase el ruído, Casandra, Mi dulce memoria...), lo cual demostraba que seguía poseyendo un gran talento y nos hacía albergar la posibilidad de que ese trienio fuera simplemente un leve bache del cual se levantaría con alguna nueva obra maestra.
Sus últimos trabajos, lejos de confirmar nuestros esperanzadores pronósticos, nos han hecho sentirnos profundamente decepcionados. Reconozco que apenas he escuchado su discografía de 2008 en adelante, pero ha sido por el mero hecho de que sus canciones comienzan a aburrirme y no me tientan lo más mínimo a volver a escucharlas. Sus discos recientes carecen de diversidad, provocando la fuerte impresión de estar oyendo repetidas veces la misma canción. Sus letras han dejado de lado su mordacidad de antaño para convertirse en simples canciones de amor o en historias donde la originalidad brilla por su ausencia. Incluso han desaparecido de ellos esos dos o tres temas que destacaban entre los demás y que usábamos para negar su palpable decadencia. Habiendo como hay gustos para todos, quedo casi convencido de que si nos restringiéramos exclusivamente a sus últimos trabajos, el número de sus seguidores no sería ni el diez por ciento de los actuales.
Ni tan siquiera se libran de la quema sus directos. Y puedo hablar con cierto rigor, pues desde 1997 hasta la fecha he asistido, si no recuento mal, a siete conciertos suyos, desde aquellos en los que el escenario lo ocupaban únicamente él y su guitarra, hasta otros con una decoración más cargada y cinco o seis músicos acompañándole. La última ocasión fue hace escasas semanas, y reconozco que salimos profundamente decepcionados. Ismael siempre se ha caracterizado por intercalar entre sus canciones diversos comentarios, historias, anécdotas u opiniones (él mismo se ha catalogado como un "hablautor"), pero hasta en eso notamos un bajón, pues sus palabras salían completamente mecánicas y a un ritmo vertiginoso, sin dejar posibilidad de saborearlas ni mostrar sentimiento alguno en ellas. Además, ha añadido a sus interludios una serie de escenas supuestamente cómicas cuyas gracias son bastante esporádicas y fuera de lugar con el estilo de su música. Para postres, la selección de canciones nos pareció completamente inadecuada, interpretando multitud de temas lentos y ralentizando las pocas canciones movidas que había seleccionado, añadido a que dejó fuera del guión varios temas míticos que le hubieran dado otro rumbo al directo (como Tierna y dulce historia de amor, La ciudad de los muertos, Eres, Prende la luz, Si Peter Pan viniera o Casandra). Todo esto convirtió al concierto en un acto soporífero en el que el único punto que a priori debe considerarse positivo como es una extensa duración (casi tres horas y media), se convierta en otro impedimento para poder otorgar una buena nota a esta actuación.
Sé que es muy posible que me encuentre con multitud de fanáticos que me repudien por estas líneas precedentes, pero que nadie olvide que esto no deja de ser una mera opinión personal, aunque he intentado ser objetivo en la medida de lo posible. Tengo la esperanza de que se cumpla eso de que el que tuvo retuvo y este madrileño vuelva a sacar su máximo potencial en sus futuros discos. Mientras tanto, y lamentándolo mucho, me dedicaré a reescuchar sus primeros trabajos y dejaré los últimos bien guardados en la vitrina a modo más de objeto de coleccionista que de aficionado musical.
Para más información sobre Ismael Serrano visitar su página web.
Visto el título de esta entrada, quizá lo lógico hubiera sido hablar de los Red Hot Chili Peppers y, de paso, de John Frusciante, un ex-componente del célebre grupo californiano, pero lo voy a hacer al revés, pues esta entrada está centrada en Frusciante, quien es, a mi modo de ver, el alma verdadera de Red Hot Chili Peppers.
Hace unos cuantos años, cuando la televisión emitía spots pegadizos y algo más llamativos que los que vemos ahora, había uno de cierta compañía telefónica que era más discreto que sus coetáneos, pero había algo en él que no pasó desapercibido para mí, y era la música, unas notas sonaban de una apacible guitarra eléctrica que me encantaron, pero ahí quedó la cosa, no supe quién tocaba ni nada, e internet no estaba tan alcance de la gente como lo está hoy en día, así que nada.
Flea, Kiedis, Frusciante y Chad
Tiempo después, escuchando la radio, oí un cuarteto femenino entonando una canción que, a pesar de ser novedosa en aquel entonces, ya me era familiar. Efectivamente, las notas de la guitarra eran las mismas que aquellas que escuché en aquel anuncio, pero no interpretadas de igual manera ni por asomo, y así fue cómo me enteré de quién era el intérprete: John Frusciante, el guitarrista de los Red Hot Chili Peppers. Ahí empecé a interesarme por esta banda de funk rock. Poco después publicaron su disco Californication, el cual no dudé en comprarme, y se convirtió en uno de mis favoritos. Aprendí a tocar dos o tres canciones en la guitarra, pero supe que jamás podría llegar a la altura de Frusciante. Después llegaron dos discos más, By the way y Stadium Arcadium, y después de este último no supe mucho más de ellos... El año pasado sacaron su último disco, I'm with you, el cual no sonaba tan a Red Hot Chili Peppers como los anteriores. La explicación: Frusciante, una vez más, había abandonado la banda, y eso se notaba en la música.
John en sus años mozos
Digo una vez más porque ya lo hizo en 1992, pero vayamos por pasos. John Anthony Frusciante nació en Nueva York el 5 de marzo de 1970, hijo de un juez y de una vocalista, y con tan sólo 11 años ya tocaba todos los temas de Jimi Hendrix. Decidió dedicarse a la música y ocupaba 15 horas al día a tocar la guitarra, recibiendo clases para mejorar sus técnicas. Cuando tenía 15 años conoció una banda llamada The Red Hot Chili Peppers a la que admiraba mucho y aprendió a tocar sus canciones e iba a sus conciertos. Llegó a trabar amistad con Hillel Slovak, el entonces guitarrista de la banda, y con el batería de entonces, D.H. Peligro, quien llamó a Flea, el bajista, para improvisar juntos algunas canciones. Pero en 1988 Slovak murió de una sobredosis, y los miembros del grupo pensaron en Frusciante para su sustitución. Anthony Kiedis, el vocalista, y Flea, aún tocados por la muerte de Slovak, expulsaron del grupo a D.H. Peligro por su adicción a las drogas y entró Chad Smith como batería. Ya estaba el grupo formado, y juntos grabaron su nuevo disco, Mother's Milk, en el que Frusciante intentaba imitar al fallecido Slovak en vez de desarrollar su propio estilo, algo en lo que insistía el productor. En 1991 publicaron Blood Sugar Sex Magic, donde Frusciante se soltó la melena y el album se convirtió en un gran éxito, donde encontramos temas como Under the bridge (la canción del spot que decía más arriba) y Give it away, canción que interpreta el grupo en un capítulo de los Simpsons.
Frusciante, irreconocible, en el documental Stuff de Johnny Depp
Pero, a pesar del gran éxito que supuso este nuevo disco, llegaron los problemas: a Frusciante la fama le vino grande, no pudo soportar la presión y afirmó preferir seguir tocando en baretos en vez de dar giras mundiales. Así, el 7 de mayo de 1992, en un concierto de Tokyo, se negó a subir al escenario y decidió abandonar la banda. Cayó en una fuerte depresión, lo que le incitó a la consumición de drogas. Aquí empieza la época oscura de Frusciante, en la que tampoco dejó de grabar discos en solitario. Tan adicto se volvió que su amigo Johnny Depp grabó un documental en su casa de Venice Queen sobre lo mal que se encontraba a causa de las drogas. Las imágenes son escalofriantes, la cara de Frusciante reflejaba a un lunático cuya voz quebrada afirmaba que se sentía bien consumiendo. Yo aluciné cuando vi ese vídeo y no podía creer que ese personaje era en realidad Frusciante. Llegó a vender algunas de sus guitarras para poder pagar más consumición, y otras tantas las perdió en un incendio que se produjo en su casa mientras él estaba dentro, y a punto estuvo de morir por intentar salvar algunas de ellas, recibiendo graves quemaduras en los brazos. Para más inri, éstos quedaron llenos de fuertes cicatrices por los chutes, y a punto estuvo de morir otra vez por una fuerte infección oral que le destrozaba los dientes. Su casa quedó destruida y Kiedis le prestó dinero para poder comprarse una guitarra nueva.
Red Hot Chili Peppers en The Simpsons
Cinco años después Frusciante, harto de la vida que llevaba, decidió ingresar en un centro de rehabilitación. Sus ex-compañeros de banda, al ser entrevistados, le daban por muerto, y en los periódicos hablaban de él como un despojo humano y un esqueleto cubierto de piel. Nadie daba un duro por él, y, viendo las imágenes, no es para menos. Pero, cual ave fénix, Frusciante surgió de sus cenizas, se rehabilitó, abandonó definitivamente las drogas, se arregló la boca y recibió injertos de piel en sus brazos, y pasó a vivir una vida basada en la espritualidad y practicar yoga y vipassana, llevando una vida mucho más saludable y con una dieta estricta. Por su parte, los Red Hot Chili Peppers habían publicado un disco sin Frusciante, One Hot Minute, con Dave Navarro a la guitarra, un album cuyas canciones contrastaban fuertemente con lo que el grupo nos tenía acostumbrados. El cambio fue tan radical que las ventas fueron penosas y Flea sugirió la disolución de la banda tras una pelea grave entre Kiedis y Navarro, a quien despidieron de inmediato. Tras meditar sobre la situación, Flea comentó que la única manera de salvar a la banda era con el regreso de Frusciante, con quien no habían perdido el contacto. Frusciante, llorando de alegría, aceptó volver al grupo, afirmando que era lo mejor que le podía pasar en esos momentos.
John Frusciante, rehabilitado
Con Frusciante de vuelta, en 1999 los Red Hot Chili Peppers grabaron un nuevo disco, Californication, con canciones como Otherside, Scar tissue, Around the world, Road trippin, Parallel Universe, Easily y la que da nombre al disco, el cual se convirtió en un superventas. Volvió Frusciante, y con él el sonido redhotchilipepperiano. Kiedis se sintió más cómodo a la hora de componer las canciones, ya que Frusciante era una pieza clave en la composición de los temas. Tan sólo dos años después volvieron a sacar otro disco, By the way, con temas como Can't stop, Dosed, Cabron, Don't forget me, The Zephyr song y, como en el anterior, la que da nombre al album. Además, de forma paralela, el guitarrista publicaba discos en solitario con los temas que componía mientras grababa con la banda, además de colaborar con otros artistas. Para Frusciante, según dijo en una entrevista, ésta fue la época más feliz de su vida. Después llegaron dos álbumes más, un Grandes éxitos, con los bonus track Fortune Faded y Save the population, y Stadium Arcadium, un doble disco donde Frusciante introdujo una variada gama de sonidos, además del sintetizador y el melotrón, destacando canciones como Tell me baby, Desecration smile, Hump de bump, Snow (Hey oh), Dani California y, una vez más, la que da título al album. Pero en 2009 abandonó definitivamente la banda para centrarse en su carrera en solitario, en la que nos muestra un sonido totalmente distinto al acostumbrado en Red Hot Chili Peppers, como en The past recedes.
John Frusciante en solitario
En total Frusciante ha grabado cinco discos con los Red Hot Chili Peppers, además del Grandes éxitos, ha publicado trece álbumes en solitario (de los cuales 5 vieron la luz en 2004) y ha participado en numerosas colaboraciones con varios artistas, grabando un par de álbumes más con Josh Klinghoffler (el actual guitarrista de los Red Hot Chili Peppers) y Joe Lally bajo el nombre de Ataxia. En 2003 fue elegido por la revista Rolling Stones para entrar en el puesto 18 de la "Lista de los 100 guitarristas más grandes de todos los tiempos" y en 2010 la BBC lo nombró como el mejor guitarrista de los últimos 30 años.
Hay a quienes les sigue gustando esta banda a pesar del abandono de Frusciante, y la música no digo que sea mala, para nada, todo va en gustos, pero ya no es el sonido característico de la banda californiana. No sé cómo les irá a partir de ahora a los Red Hot Chili Peppers, pero para mí se ha ido el alma del grupo, quien, para muchos, y a pesar de todo lo vivido, es de los mejores guitarristas del mundo, y como tal le admiro muchísimo.
Arriba os he ido poniendo enlaces a los videoclips y versiones de álbum de aquellas canciones que no tienen video oficial. Pero lo que más interesa es ver a este gran guitarrista tocar en directo, así que os pongo algunas canciones tocadas en directo por los Red Hot Chili Peppers. Merece mucho la pena echar un vistazo a cada uno de estos vídeos.
En este directo de Californication lo mejor es a partir del minuto 3:21.
Quizá este nombre, al igual que el de otros cantautores que
han desfilado por este blog, no sea demasiado conocido por nuestros lectores.
Tampoco lo era para mí allá por el año 1998, aunque sí que lo era el de Ismael
Serrano, un joven salido de los túneles del metro de Madrid y cuyo primer disco
nos había entusiasmado a los seguidores de Sabina, Serrat y similares. El caso
es que por esa fecha llegó a mis oídos una triple actuación en mi ciudad, la
cual titularon algo así como “nuevos jóvenes cantautores”. El cartel lo
componían Ismael Serrano, Jorge Drexler y una cantautora autóctona de la que no
recuerdo el nombre y de la que nunca más volví a saber. Solamente conocía al
primero, pero la entrada no era demasiado cara, así que decidí ir a disfrutar
de uno y a conocer a los otros. La cantautora no me dijo nada, pero ese otro
chico, el tal Drexler, produjo en mí una agradable sensación. Fue entonces
cuando comencé a indagar en su discografía.
Sin entrar en su vida privada, solamente mencionaré que es
natural de Uruguay y que vino a probar suerte a España por recomendación de
Joaquín Sabina, quien lo descubrió en Montevideo y le aconsejó su aventura
hispánica. Allí había publicado solamente dos álbumes, aunque algunas de sus
canciones ya habían sido fichadas por artistas españoles de renombre para
versionarlas, como el caso de Ana Belén.
Drexler es el típico cantautor con gusto por las canciones
melódicas y emotivas. Su voz es sencilla, sin demasiada potencia, lo que hace
que, en ocasiones, dé la impresión de cantar algo desganado, pero a su vez
produce que su tono sea inconfundible para quien lo haya escuchado. En sus
primeros discos la guitarra es prácticamente la única orquestación de su
música, aunque avanzando el tiempo se aprecia una notable evolución en la
musicalización de sus temas.
Si hay un hecho que marca un hito en su carrera artística
es, posiblemente, el logro de un Óscar en 2005 por su canción “Al otro lado del
río”, perteneciente a la banda sonora de la película Diarios de motocicleta.
Creo que sorprendió a propios y extraños, aunque fuimos muchos los que nos
alegramos de esta elección. La anécdota curiosa de este premio es que todas las
canciones candidatas a esta mención fueron interpretadas en la gala de entrega
por sus artistas originales menos ésta. Los organizadores, considerando que no
era un artista suficientemente conocido, prefirieron que el tema sonara
interpretado por alguien más relevante como Antonio Banderas. Tras recibir el
galardón, Jorge, en lugar de aburrir a la audiencia con el típico discursito de
agradecimiento, prefirió simplemente entonar su canción a capella.
Si hay algo en lo que Drexler se desmarca sensiblemente del
resto de cantautores es en su gusto por introducir la electrónica en su música,
siempre de forma comedida. Es por eso que tanto en sus últimos discos como en
sus directos acostumbra a adaptar alguna canción con toques experimentales y
electrónicos. En algunos casos el resultado es interesante, en otros quizá hay
exceso de modernidad, pero es innegable la originalidad del método.
Desde aquella primera toma de contacto he tenido la
oportunidad de disfrutar de sus directos en tres ocasiones más, dos de ellas en
su primera época (en cafeterías y pequeños teatros) y una última hace bien poco
y ya en un señor auditorio con amplio aforo. Es innegable que desde sus inicios
hasta ahora sabe cómo conectar con el público, incluso en éste último que le
pilló algo acatarrado. No es amante de las grandes aglomeraciones de músicos,
prefiriendo ir solo o con un par de acompañantes, lo cual hace que sus
conciertos resulten siempre intimistas y cercanos.
Como siempre digo, para gustos los colores, pero pienso que
Jorge Drexler hace un estilo de música que, en general, no es propenso a
desagradar a nadie. Sus letras son sencillas a la vez que originales, pues
aunque de vez en cuando aparezca la típica canción de amor, trata temas de lo
más variado, desde el racismo a la interacción entre arte y ciencia. Abajo os
recomiendo algunas de sus canciones que más me gustan para que, si ya lo
conocéis, me deis vuestra opinión, y si no es así, para que tengáis la ocasión
de descubrirlo.
No sé si alguno recordará un programa que ponían en La 2 hace unos años que se llamaba Palabra por palabra. Quizá no, pues era de tipo cultural, lo cual significa nula promoción, horarios de baja audiencia y poca duración en la parrilla de salida. Es una pena, pues era muy entretenido y útil para los que nos gusta ampliar, en la medida de lo posible, nuestro vocabulario. Además, la canción usada como sintonía para su conclusión me gustó desde la primera vez que la oí. Era de ese estilo cantautor que siempre me ha atraido, melodías agradables acompañando a letras mordaces e ingeniosas. Además, en ese ending intercalaban algunas imágenes del propio intérprete, un tío muy feo con una nariz más grande que la mía (que ya es decir). El caso es que me apetecía tener la canción y, de paso, descubrir más sobre ese tal Marwan, según ponía en los créditos del programa.
Reconozco que iba con bastante miedo pues, por desgracia, hay muchos cantautores que se limitan a dar cuatro acordes mal contados con la guitarra y escribir un par de frases ingeniosas. Afortunadamente no fue el caso, y pude dar con una serie de canciones bastante buenas. No pretendo engañar a nadie, también hay muchas piezas que no están a la altura, especialmente de sus primeros trabajos, pero el porcentaje de títulos agradables al oído es más que aceptable, especialmente comparado con esos cantantes o grupos que sacan una o dos canciones buenas en toda su discografía. Además, un dato esperanzador es que la calidad de los discos va en aumento con la época. Su primer álbum, Principio y fin, es probablemente el más flojo, aunque con algunas canciones mencionables como Nicaragua o De aquella manera, con letra al más puro estilo Sabina.
En 2004 se publica Los hijos de las piedras, donde podemos encontrar más variedad musical y canciones muy recomendables: una bonita letra de amor en La dictadura de la primavera, un tema que ya empezaba a ser rabiosa actualidad como es la crisis en Números rojos o una letra muy divertida y cachonda como La epidemia. Ya sería en su próximo disco de 2008, Trapecista, donde encontramos la sintonía del programa Palabra por palabra, además de unas curiosas reflexiones juveniles en Adolescente o una preciosa dedicatoria en Canción a mi padre.
El año pasado publicó su cuarto álbum, Las cosas que no pude responder, aunque reconozco no haber tenido aún ocasión de escucharlo, por lo cual no opinaré, de momento, sobre él. En cualquier caso, si la evolución palpable en los tres primeros discos se mantiene, podemos tener un futuro icono dentro del ámbito cantautorial.
Además, es un buen momento para ir a escucharlo en directo si se tiene la ocasión, pues ahora actúa en locales pequeños y sin demasiada afluencia de público. Nosotros hemos tenido la ocasión de verlo actuar no hace mucho y la verdad es que conecta bastante bien con el público, se hace muy entretenido y suele presentar sus canciones con anécdotas (al más puro estilo de su admirado Ismael Serrano). Así pues, aunque estos locales suelen tener una acústica no demasiado buena, el directo merece la pena. En su web se pueden ver sus próximas actuaciones.
Mi recomendación es que si gustáis de músicos estilo Sabina, Silvio, Ismael Serrano, Pedro Guerra o similares, probéis a escuchar algunas de las canciones que os enlazo aquí debajo. Si vuestros gustos musicales van por otros derroteros, en ese caso lo más probable es que no os llame mucho la atención, pero tampoco se pierde nada por catar alguna de sus canciones. Espero que os guste.
Es posible que muchos de nuestros lectores no conozcan a Getter Jaani, y es que en nuestro país no son muy conocidos los cantantes estonios. En el caso de Getter nosotros la conocimos gracias a Eurovisión, ese espectáculo musical mediante el cual podemos conocer nuevos, o no tan nuevos, artistas, nos gusten unos más y otros menos. Desde que vimos a la guapa estonia en la semifinal eurovisiva nos encantó su puesta en escena, pero con la calidad de canciones que había ese año (2011) era difícil que ganara, pero el puesto que consiguió en la final no era tampoco el que merecía.
Antes de hablar más detenidamente de su performance en Eurovisión pasaremos a hablar un poco de Getter. Nació en Tallin un 3 de febrero hace tan sólo 19 años, y desde muy pequeñita ha estado vinculada al mundo del espectáculo, ya que sus padres son coreógrafos y se encargaron de educar a su hija, junto a sus dos hermanos, de forma natural en la música. Getter recibió de buen agrado esta educación, tanto que bien pronto supo hacia dónde encaminar su vida: la música.
En 2009 concursó en el Eesti otsib superstaari, la versión estonia de Operación triunfo, llegando a ser la finalista más joven de la historia del programa, además de convertirse en la favorita del jurado. Quedó en cuarta posición, resultando vencedor Ott Lepland (representante de Estonia en Eurovisión 2012), lo que le otorgó el papel de Sharpay Evans para el musical de High School Musical en 2010. A pesar de no haber entrado en el podio, su participación en el Eesti otsib superstaari la lanzó de forma vertiginosa al estrellato, firmando con el estudio discográfico Moonwalk.
Su canción debut, Parim Päev ("el mejor día") se convirtió en poco tiempo en la canción más sonada en las estaciones de radio estonias en 2010, lo que dio lugar a un verano lleno de actuaciones y conciertos por toda la geografía estonia y la consecuente grabación de un EP ("extended play"). Actualmente es la cantante juvenil más famosa de su país, combinando su carrera musical con sus estudios de confección y estilismo. El director de una de las grandes estaciones de radio de Estonia dijo de Getter que "las niñas de 10 años la adoran, las de 13 quieren ser como ella, e incluso las de 16 la consideran como la coetánea más in del momento".
En 2011 llegó la grabación de su primer disco de estudio, Rockefeller Street, cuyos singles (Parim päev, Grammofon, Rockefeller Street, Valged ööd) alcanzaron pronto los primeros puestos de las listas estonias. Ese mismo año ganó el Eesti Laul 2011, el programa de selección para representar a Estonia en Eurovisión, siendo elegida la canción que da nombre a su primer álbum. Todas las apuestas situaban a Getter entre los diez primeros, fue una de las favoritas ese año, junto a Eric Saade y el dúo Ell/Nikki (el ganador). Pero, a pesar de lo dicho, Getter no obtuvo los resultados esperados; en la segunda semifinal quedó en noveno lugar, y en la gran final obtuvo el vigésimo cuarto puesto, participando ese año veinticinco países en la final. A pesar de todo esta piedra en el camino hacia el éxito fue fácilmente salvada por la joven Getter; fue elegida para numerar las puntuación de los votos estonios en la Eurovisión 2012, y quedó tercera en Tantsud tähtedega, la edición estonia de Mira quién baila, cuya pareja fue Ott-Sander Palm.
Por mi parte sólo puedo decir que Getter Jaani se ha convertido en una de mis cantantes favoritas, no puedo dejar de escuchar sus canciones, especialmente Parim päev y Valged ööd, estas dos me encantan, y aunque la mayoría de ellas están en estonio esto no es problema, ya que fonéticamente es muy parecido al castellano y se pueden cantar fácilmente. Dejo enlaces a algunos de los singles de esta fantástica cantante estonia que va pisando fuerte en el terreno musical y, ahora además, coreográfico.
Posiblemente a muchos de nuestros lectores no les suene de
nada este nombre; a otros quizá sí; el caso es que a mí me es familiar desde
hace bastante tiempo. Debía tener yo escasamente ocho o nueve años cuando
llegaron a mis oídos por primera vez unas frases salidas de la boca de Krahe.
Lo simpático del asunto es que estas palabras provocaron en mi infantil
inocencia una mezcla de sorpresa, escándalo y risa tímida, en ese orden. El
motivo: en la canción se oía claramente cómo se decía la palabra “gilipollas”.
Que mi padre, con dos hijos de tres y ocho años, hiciera sonar un vinilo donde
pronunciaban esos tacos que tanto nos habían censurado no era demasiado
corriente. Años después supe que precisamente esa canción era una traducción
(algo libre) de una de Georges Brassens. Pero, por ese entonces, ese fue mi
único acercamiento a la música de este cantautor.
Bien entrado en mi adolescencia me aficioné a las letras de
Joaquín Sabina, lo que me hizo rebuscar entre las cintas de cassette de mi
progenitor (sí, esas cosas planas del paleolítico inferior a las que había que
darle la vuelta para escuchar la cara B) intentando dar con algo de este poeta
urbano. Allí, en efecto, encontré algo de mi objetivo, pero lo curioso es que
no cantaba solo, sino que con dos chicos más, uno de los cuales era, como bien
se pueden imaginar, Javier Krahe. Ya mi selectiva memoria había borrado de sí
aquel extraño apellido, pero verlo escrito me recordó aquel “gilipollas” que
tanto me impresionó en su momento. Conociendo a dos de los tres elementos de
ese grupo que se hacía llamar “La mandrágora” (en honor al local donde habían
grabado en directo ese disco) merecía la pena darle una oportunidad de sonar y
poder escucharlo. Y entonces, por fin, se puede decir que entré de lleno en la
música de Krahe. Ahí comencé a adquirir toda la discografía que pude, teniendo
en cuenta que, siendo tan poco comercial, era tarea harto difícil encontrar sus
trabajos en las tiendas.
Hay que destacar que las canciones de este ¿madrileño de
apellido vasco? Brillan especialmente por sus letras, a veces sarcásticas,
otras divertidas, otras originalmente románticas. Los instrumentos musicales,
habitualmente escasos, se limitan a servir de acompañamiento al casi recitado
de su voz grave y monótona. En cualquier caso los que lo seguimos vamos
buscando casi exclusivamente las nuevas letras con las que nos deleite los
oídos. Mentiría si negara que a cada nuevo disco o actuación en directo estoy
deseando que llegue el momento de las canciones divertidas o, dicho
vulgarmente, de cachondeo, para soltar unas cuantas carcajadas bien merecidas.
Además, se suele atrever con casi cualquier tema: si bien recurre con
frecuencia a gracias de tipo sexual, tiene grandiosos juegos de palabras y
rimas desternillantes. En su discografía se pueden encontrar desde novias que
fingen que no tienen orgasmos hasta pescadores navegando por la costa suiza
pasando por una moderna versión de la Odisea.
Aunque con diferencia lo mejor es verlo actuar en directo.
Suele hacerlo en cafeterías, locales o auditorios de escasa capacidad, donde el
trato con el público es mucho más cercano. Siempre da una apariencia de
despreocupado, tomándose una copa mientras actúa o echando un cigarrito (quizá
ahora no se lo permitan, lo desconozco), y con el guión no demasiado aprendido.
Aun así las risas son una tónica constante sin excepción. Los comentarios de
presentación y conclusión de cada canción son, a veces, más humorísticos que la
propia canción. En caso de no tener ocasión de verlo en vivo, la alternativa
sería escuchar algunos de sus discos grabados en directo, donde siempre incluye
todas sus paranoias pre-canción.
Es inevitable que tanto en sus trabajos de estudio como en
sus actuaciones se cuele alguna que otra canción romántica. Aquí, todo sea dicho, es donde este cantautor
flojea ligeramente, ya que si bien podemos encontrar algunas metáforas o rimas
que nos hagan esbozar una leve sonrisa por su originalidad, el grueso de estas
piezas suele ser de escaso valor musical y, quizá porque sean en efecto
canciones algo vulgares o quizá porque solemos ir mentalizados a sacar a
relucir nuestra risa más pura, resultan algo aburridas.
Tal vez por todo esto el calificativo que más le podría
definir no sería el de cantautor, sino más bien algo como “showman musical”
pues, si bien la voz y sus melodías a veces dejan bastante que desear, es
innegable que la diversión y el disfrute de unas letras elaboradas están
asegurados, al menos para quien, como un servidor, prefiere con gran diferencia
un humor inteligente y agudo al desgraciado sentido de lo cómico actual con los
bodrios de comedias que nos inundan cada día más.
Para muestra de su sarcasmo innato, unos cuantos enlaces (atención a las letras):
Reconozco que soy el primero que cuando oye las palabras New Age se echa a temblar. Pienso en melodías simplonas que por el mero hecho de ir acompañadas de algún instrumento evocando sonidos naturales ya se supone que son relajantes y que deben hacerte olvidar los problemas. Por desgracia pocas veces me equivoco, aunque por fortuna la primera vez que escuché aquella cinta de cassette (ya ha llovido) de George Winston que me grabó un amigo de la familia (¡Gracias, Pedro!) no me dijo absolutamente nada sobre el tipo de música con la que se iban a deleitar mis oídos. Además, no sé si porque así lo quiso el azar o porque este amigo ya me lo había preparado ayudó considerablemente a forjar una gratísima primera impresión el hecho de que las primeras notas que salieron aquellos altavoces ya tan machacados de mi viejo radiocassette fueran aquellos acordes pianísticos en re mayor que denotan el comienzo del celebérrimo canon de Johann Pachelbel. Sí, sé que no es la primera ni la única versión para piano de esta embriagadora obra, pero a medida que avanzaban las corcheas uno podía ir comprobando que no era exactamente el canon, sino unas Variaciones sobre el canon de Johann Pachelbel, que así es como el músico titula esta pieza. En mi humilde opinión, éste es un claro ejemplo de cómo versionar una obra de más de trescientos años en un instrumento y con unos toques relativamente modernos a la vez que clásicos. Hablando desde la más profunda sinceridad creo que la única música que, aunque la haya escuchado (a riesgo de quedarme corto) cientos de veces, cada nueva reproducción me vuelve a poner los pelos como escarpias.
Por contextualizar brevemente el personaje que nos atañe, George Winston es natural de Míchigan, aunque se crió en Montana, región a la que alude en varios de sus discos. Grabó su ópera prima, Ballads and Blues, en el año 1972; en este primer disco se nota muy fuertemente su influencia por los dos estilos musicales quizá más característicos de Estados Unidos, el jazz y el blues. Tuvieron que pasar ocho años para que el mundo pudiera volver a disfrutar de su talento, esta vez con Autumn, el primero de su tetralogía estacional. En éste y en los posteriores álbumes se siguen apreciando pinceladas de los estilos antes mencionados, aunque en una línea mucho menos pura. Es, de hecho, en uno de ellos, December (1982) donde se puede encontrar la obra que mencionábamos al principio de esta entrada. Y, aunque ha publicado más de una docena de discos, es de agradecer que, sin salirse de su cálido y envolvente estilo, son todos ellos muy diferentes y cada uno aporta nuevas melodías.
Si hay algo que hubiera lamentado profundamente no hacer sería no haber asistido a su performance, más aún cuando vino a mi propia ciudad. Estuve a punto de no poder asistir al concierto debido a una leve intoxicación con cierta comida precocinada que no volveré a probar en lo que me queda de vida, pero la ocasión la pintan calva, pues desde entonces George Winston no ha vuelto a actuar en nuestro país y aún seguimos a la espera. Voy a aprovechar unas líneas para denunciar el hecho de que le hicieran actuar en la sala de cámara de apenas unas trescientas localidades de aforo, teniendo la sala principal vacía y con capacidad para más de dos mil espectadores, teniendo en cuenta que en las giras que este pianista realiza a lo largo y ancho de su país natal (y de Japón, tierra en la que habitantes y pianista siente un amor mutuo) la afluencia de público es masiva. Volviendo al concierto al que asistí, cabe destacar que no pierde absolutamente nada con respecto a la grabación de estudio. Es más, el verle interpretar descalzo y con esos exagerados movimientos de brazos y cuerpo produce una sensación aún más trascendente si cabe. Quizá esa forma de tocar con los dedos (sobre todo los meñiques) completamente estirados, en contra de todos los cánones del buen pianista clásico, le da ese toque característico y único a sus sonidos. La única nota "negativa" de dicha puesta en escena fue que todos los asistentes echamos en falta que nos acabara de transportar al nirvana con su exaltante canon, algo que se le solicitó hasta el último bis, pero que no nos fue concedido. En cualquier caso, esto no desmerece para que la performance fuera de matrícula de honor.
Espero que estas líneas hayan avivado en alguno de nuestros lectores la curiosidad por conocer la música de este indescriptible compositor e intérprete. Por desgracia, como cualquier música que se salga de lo estrictamente comercial, es bastante difícil encontrar sus discos por España, aunque gracias a internet podemos conseguir hacernos con ellos. De momento, y para que sirva de muestra, os dejamos un par de enlaces con los que esperamos os decidáis definitivamente conocer más a George Winston.